En Contacto con Dios: Reclamar las Promesas
— Pastor Raúl Osvaldo D’Emilio —
Buenos días, Buenas tardes y Buenas noches. Deseando en este tiempo, que todos podamos sentirnos acompañados, por quien, solo nos puede dar la esperanza de superar las dificultades que cada día debemos enfrentar y ayudarnos a avanzar en todo aquellos que nos proponemos, dentro de nuestras posibilidades y más.
No es de extrañar, que cada uno de nosotros, estemos esperando el día en que Dios responda a nuestras necesidades. Seguramente muchos de nosotros tenemos una cantidad de expectativas que deseamos resolver a la brevedad y que nuestras fuerzas no son las mismas todos los días. Generalmente no nos acordamos de las promesas que hacemos, pero cuando alguien cercano o no, nos promete algo, y más aquello que deseamos, esperamos que quien hizo la promesa la cumpla lo más rápido posible.
En la Biblia encontramos infinidad de promesas de parte de Dios, como la que está en Isaías 40:29, “El da esfuerzo o fortalece al cansado…”. Cuando leamos tal promesa, Biblia en mano, recordémosela a quien promete, (Dios), y pidámosle que cumpla con Su Propia Palabra.
El Salmista tenía bien en claro, en qué momento podía reclamarle a Dios por lo que había prometido. Lo dice quien escribe en el capítulo 119:49-50; “Acuérdate de la Palabra que diste a este siervo tuyo, palabra con la que infundiste esperanza. Este es mi consuelo en medio del dolor, que tu promesa me da vida”, (NVI). Vemos como el Salmista, reclama la promesa dada por Dios. Nosotros, ¿estamos en condiciones de reclamarle las promesas a Dios? Si, somos sus hijos, Dios nos reconoce como su pueblo, y ese es un gran privilegio para todos los que creemos y desean creer en Dios, aun sin haberle conocido todavía. No hicimos ningún mérito para reclamar su perdón, su bendición, pero de acuerdo a lo escrito en la Biblia nos tomamos de esas promesas y las podemos solicitar por la misericordia de Dios.
Cuando leamos tal promesa, Biblia en mano, recordémosela a quien promete, (Dios), y pidámosle que cumpla con Su Propia Palabra.
Pero además resaltamos, que no solo le dice: “Acuérdate de la Palabra”, como promesa de parte de Dios, sino que además dice algo que muchos pasamos por alto; “…que diste a este siervo tuyo”. Para reclamar las promesas de Dios, debemos ser sus servidores. Para ser servidores de Dios, debemos saber obedecer y poner en práctica Su Palabra. El Salmista se consideraba una persona que estaba a disposición de Dios, que estaba para lo que Él lo necesitaba, no por lo que quería recibir, sino por quien era la persona a quien servía. Debemos resaltar que, servir es ministerio y ministerio es servicio. Y servicio es estar a disposición de aquel que necesita de nuestras capacidades, dones y/o talentos.
Lamentablemente algunos cambian el significado, de que las personas deben estar dispuestas para los que sirven, y no es así, sino que los que sirven debemos estar a disposición de las personas que necesitan de Dios. Jesús dijo: “el Hijo del Hombre no vino a ser servido sino a servir…” (Mat. 20:28). Él fue el que “dio su vida en rescate de muchos”, no nos pide a nosotros que demos nuestra vida, pero sí, que sepamos servir a quien lo necesita.
Dios por medio de Su Palabra nos da esperanza, nos alienta a depender de Él, en medio de las dificultades, “su promesa me da vida”, dijo el salmista. Reclamemos las promesas, digámosle, “Señor Acuérdate”, soy un siervo o una sierva, “me infundiste esperanza”. En quien otro podemos tener la posibilidad de salir adelante, sino poniendo nuestra esperanza en aquel que aun, “en medio del dolor; que tu promesa me da vida”.
En este tiempo, la mayor fortaleza que podemos llegar a lograr, cuando nuestra seguridad no está en nosotros mismos, solamente, sino, en quien nos da el respaldo de su presencia, fundamentalmente cuando estamos dispuestos a servir de la manera que Dios quiere.
