En Contacto con Dios: Permitir la influencia de Dios en Nuestras Vidas
— Pastor Raúl Osvaldo D’Emilio —
Les damos los Buenos días a todos nuestros seguidores del Templo Unción, en el lugar que se encuentren. Nos gustaría conocer sus opiniones sobre los devocionales que enviamos en la página, como así también en los grupos, además de las Reuniones Virtuales y Presenciales que realizamos, para saber si en algo, en poco, les ha sido o es útil. Desde ya muchas gracias si lo consideran necesario y para nosotros será de mucha ayuda.
En estos últimos días hemos hablado de la vida de Daniel por un lado, relacionándolo con Pablo. El primero, Daniel, fue llevado al Exilio por razones que su pueblo no había hecho las cosas bien como Dios quería, y el segundo Pablo, que en sus comienzos fue Saulo de Tarso, a partir del encuentro con Jesús en el camino a Damasco, se retiró a Arabia, se Auto-Exilio, para tener un trato personal con Dios a través del Espíritu Santo. Luego volvió a Damasco, no ya como perseguidor de los cristianos, sino como un cristiano más, predicando el evangelio.
Dos personas tan diferentes en sus orígenes, pero que tuvieron un mismo final, Abrazando la fe en Dios y en Cristo, que los llevo a dar mensajes de esperanza al pueblo de Dios, y a los gentiles, como Pablo, que recorrió muchas ciudades en sus viajes anunciando el evangelio. ¿A qué se debió esto en las vidas de Daniel y Pablo?
La calidad de nuestro carácter crece en proporción al tiempo que pasamos en la presencia de Dios y en su Palabra. Mientras Daniel no podía dejar pasar sus momentos a solas con Dios, otros usaban su tiempo tratando de encontrar faltas en él. Pero no pudieron. Daniel era un hombre que pasaba tiempo de calidad con Dios, en oración. Su vida exterior era un reflejo directo del tiempo que pasaba continuamente en la presencia de Dios.
Vemos el cambio también en Pablo; siendo Saulo, dice la Biblia que; “respiraba aún amenazas y muerte contra los discípulos…” (Hch. 9:1) tuvo luego un encuentro personal con Cristo que lo transformó. Lo mismo puede ocurrir con nosotros. Es imposible pasar tiempo de calidad con Dios y no ser cambiado. Lo vemos en Daniel 6:10, que a pesar de las dificultades que se habían levantado contra él, ¿qué hacía? “…cuando supo que el documento había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su aposento que daban hacia a Jerusalén, se hincaba de rodillas tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes”. También el apóstol Pablo lo enseñó, porque evidentemente era lo que lo sostenía, en 1ª Tesalonicenses 5:17, dice, “Oren sin cesar”.
El mismo Jesús lo ejemplificó para nosotros. Era un hombre de oración que continuamente pasaba horas a solas con Dios. Tanto en el momento que va al desierto, o en amanecer ingresa en el Getsemaní, como si sube rápidamente a una barca, Jesús sabía que, separado de su Padre, no podía hacer nada. Del mismo modo, como Daniel, tenía una vida de oración en el exilio, Pablo aprendió su relación con Jesucristo en el desierto y fue preparado para lo que debía realizar, sea con su presencia o a través de sus cartas. Nosotros, si deseamos vivir la vida que Cristo preparó, debemos hacer lo mismo. Al continuar pasando tiempo en Su Palabra, cultivamos el mismo carácter de Cristo. Fundamentalmente vemos como lo trasformo a Pablo, de lo que era antes y lo que fue después del encuentro con Jesús. Por eso el mismo Señor dice en Juan 15:1-8; «Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes… darán mucho fruto». (Podemos leer todo el pasaje para un enriquecimiento espiritual mayor). Debemos anhelar crecer cada día a semejanza de Jesús.
Daniel en el capítulo 9:1-2, descubrió en La Palabra que se habían cumplido los setenta años que Dios había dicho por medio del profeta Jeremías, y era el tiempo de volver del “exilio”. Pablo lo comprendió, después de tener un encuentro personal con Jesús, y le preguntó. ¿Quién eres? y ¿qué quieres que yo haga? Mientras más influencia de Dios permitamos en nuestras vidas, mejor será nuestro carácter. Por eso queridos hermanos y amigos, a través del “Ministerio Evangelístico Unción Para La Ciudad”, queremos decirte; Dejemos que Su presencia y Su Palabra, por medio del Espíritu Santo, sean nuestra mayor prioridad en esta vida, y Dios se encargará, de todo lo que nos hace falta y nos acompañara en medio de las dificultades. Dios les Bendiga.
