En Contacto con Dios: La Paz que solamente Cristo nos puede dar

Buenos días a todos los hermanos, hermanas y seguidores, del Templo Unción. En este día quiero compartir parte de un escrito que recibí, y adapté, a raíz de los acontecimientos vividos la noche de ayer en la ciudad de La Plata. Cuando muchos estaban preparados para una fiesta deportiva, ocurrió lo que todos menos esperaban, pero los que produjeron los enfrentamientos, se encontraron con los que estaban preparados para reprimir a un grupo de personas que reclamaban por sus derechos de participar de un evento muy esperado. Los que se encontraban en el lugar, como también aquellos que lo seguían por los medios de comunicación, se vieron entristecidos por lo que estaba ocurriendo en nuestra ciudad, como aquellas que se vivieron en otras, no mucho tiempo atrás.

Sin embargo, en unos minutos lo que debía de ser un motivo de disfrute, pasó a ser una escena de terror, miedo y confusión, por todas las personas involucradas, niños, jóvenes y adultos de todas las edades.

La historia del ser humano, se ha caracterizado casi siempre, por la violencia. ¿Seguirá siendo así por siempre?

Pregunta hoy  este escrito; ¿Qué opina Dios de la violencia?

La gente dice que, muchos, incluidos los creyentes, piensan que no hay nada de malo en responder a las provocaciones con violencia. Y millones se “alimentan” viendo películas y programas de televisión repletos de violencia, que después es trasladada a la realidad.

La Biblia nos dice que, cerca de Mosul, al norte de Irak, encontramos las ruinas de lo que fue una gran ciudad: Nínive, la capital del antiguo Imperio asirio. Cuando la ciudad estaba en pleno auge, un profeta predijo que Dios haría “de Nínive un lugar desolado” (Sofonías 2:13). Nínive era conocida como “la ciudad de derramamiento de sangre”, y Dios la castigó para que sirviera de ejemplo (Nahúm 1:1; 3:1, 6). Como demuestran las ruinas de Nínive, “Jehová aborrece a los que derraman sangre y los castiga” (Salmo 5:6 NVI).

La violencia tiene su origen en el peor enemigo de Dios y del hombre, el Diablo. Cristo mismo llamó Homicida al Diablo (Juan 8:44 RV60). Y 1 Juan 5:19 dice que “Sabemos que somos de Dios…”, ¿Es verdad esto? Entonces ¿cómo actuamos nosotros para demostrarlo, porque “el mundo entero está bajo el maligno”. Eso explica por qué a tanta gente le fascina la violencia. Si queremos ganarnos la aprobación de Dios, tenemos que aprender a rechazar la violencia, sea contra nosotros o la que nosotros podamos accionar. ¿Es esto posible?

“Jehová prueba al justo; Pero al malo y al que ama la violencia, Su Alma los aborrece” (Salmo 11:5)

¿Puede una persona violenta cambiar? La gente dice que, los seres humanos somos violentos por naturaleza, y eso no se puede cambiar.

Sin embargo la Biblia, nos dice lo contrario; Dios nos da este mandato: “Desechemos de nosotros: ira, cólera, maldad, hablar injuriosamente y obscenidades. Desnúdense de la vieja personalidad con sus prácticas, y vístanse de la nueva personalidad” (Colosenses 3:8-10). ¿Nos pide lo imposible? No. Todos podemos cambiar. ¿Cómo?

  1. El primer paso, es conocer bien a Dios (Colosenses 3:10). Cuando alguien de buen corazón descubre las maravillosas cualidades de Dios y comprende lo justas que son sus normas, empieza a amarlo y se esfuerza por hacer todo lo posible por imitarlo y complacerlo (1 Juan 5:3).
  2. El segundo paso, es escoger bien a nuestros amigos. La Biblia nos aconseja: “No te hagas amigo de gente violenta, ni te juntes con los iracundos, no sea que aprendas sus malas costumbres y tú mismo caigas en la trampa. (Proverbios 22:24, 25 NVI).
  3. El tercer paso, es ver la violencia como lo que en realidad es: una seria debilidad. La tendencia a ser violento refleja falta de control. La persona pacífica, por el contrario, posee una gran fuerza interior. La Biblia afirma: “Mejor es el que tarda en airarse, que el fuerte…”. (Proverbios 16:32).

Por eso aconsejamos, a través del Ministerio Evangelístico Unción Para La Ciudad”; “Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, (de nosotros) vivamos en paz con todos” NVI. Esa Paz que solamente Cristo nos puede dar. Dios nos Bendiga. Pastor Raúl Osvaldo D’Emilio