En Contacto con Dios: Mensajeros de Dios

Estamos nuevamente “En Contacto con Dios”, en una nueva oportunidad a través de “Unción Para la Ciudad”.

En estos días hemos estado compartiendo de la importancia del mensaje y del mensajero. Debe de haber una integración entre lo que recibimos y debemos transmitir. No podemos dar lo que no hemos recibido, y lo recibido primero debemos internalizarlo en nuestro ser.

Los versículos en los que vamos a meditar en este día son la más grande evidencia y esencia del mensaje que recibió un hombre cuando fue llamado y como él lo explica en la Biblia, dando testimonio de su llamado. Dios manifiesta su obra soberana, pero debe de haber receptores que sean los transmisores de su obra, de lo contrario estamos cerrando el caudal de Bendición que debe llegar a los que no conocen.

Debe de haber receptores que sean los transmisores de su obra

No está en mí ni en cada uno de nosotros, cuando hablar, sino cuando y donde lo debemos hacer lo dice Dios, “a tiempo y fuera de tiempo”. Es necesario que las personas reciban el “perdón de los pecados”.

Cuando una persona falla en su vida personal es por dos cosas: Primero porque no ha recibido nada y segundo porque lo que ha recibido se ha estancado en su vida y por no compartirlo, es como el agua que se echa a perder. La única señal de que una persona sea considerada salva es que haya recibido a Cristo como Señor y Salvador.

Veamos que dice Pablo en Hechos 26:16-18. El apóstol Pablo está contando su testimonio, y lo que Jesús le había dicho. Entre todo lo que le dice, está escrito: “Te envió para que abras sus ojos… para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados…”.

Nuestra tarea como mensajeros de Dios es transmitir el mensaje para “abrir los ojos”, de las personas que están en oscuridad y reciban la luz del evangelio. Es un despertar, al abrir los ojos, a una perspectiva diferente de la oscuridad que nos rodea, es una conversión o transformación a una nueva vida de esperanza.

Hay cristianos “hipnotizados”, dicen tener los ojos abiertos, pero no reciben nada y tampoco pueden transmitir. Los deslumbra la naturaleza de lo que ven, pero espiritualmente están sin manifestar el verdadero mensaje. Ésta es una realidad de descuidar el mensaje al que fuimos llamados a dar. Lo hacemos propio pero no lo compartimos y quedan muchos sin recibir. Dios nos llamará a cuenta por esto.

Los hombres y las mujeres podemos hacer promesas que decidan seguir hasta el fin, pero nada de esto es Salvación. Dios nos ha delegado una gran responsabilidad, y si no la cumplimos, quizás nosotros seremos salvos, pero muchos quedarán en el camino. Por eso Dios le dice a Pablo; “Te envío para que abras sus ojos…”.

Jesús en un encuentro con Pablo, primero lo cegó, para que no sea lo que él veía, sino que después por medio de Ananías bajo el Poder del Espíritu Santo le devolvió la vista, para que vea de acuerdo a lo que Jesús lo llamaba a hacer.

Dios quiere abrir nuestros ojos

Así como fueron abiertos los ojos de Pablo, Dios quiere abrir nuestros ojos para que seamos los mensajeros que puedan ayudar a “abrir los ojos” de los que están en tinieblas. Esperemos cumplir con el mandato dado por Dios y ser obedientes como lo fue Pablo a Cristo.

Por eso una vez más en este día te digo: “Dios te Bendiga y te guarte. Dios haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia. Dios alce sobre ti su rostro y ponga en ti, Paz”.